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Cuentos y relatos globales
ArtÃculos publicados en Alhaurin.com
Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- En busca del sapo perdido * Las mejores cosas de la niñez no son las gratuitas sino las inesperadas.
| | Cuentos y relatos globales. 19.07.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- La noticia la dio a conocer el viejo Sixto quien, con voz potente de prensa responsable, a la sombra de los almendros del parque de la plaza, dijo a todo el mundo: -¡Próspero está comprando sapos! Próspero era un competente vendedor y comprador de cosas inimaginables de las que uno cree posible sirven para nada, pero sí sirven para algo, tales como: hostiarios de fina madera, imperdibles para mujeres, jarreteras francesas, adornos de lapislázuli, monóculos para tuertos, mitras para obispos regañones, rebecas para señoritas decentes, morriones de la Época de la Conquista… y… sapos. -Está en mi casa. Llegó esta mañana. Llévenle todos los que encuentren- recitó otra vez el viejo Sixto con sentido de ayuda humanitaria. El mediodía era ardiente, casi irresistible. Próspero, en otras ocasiones había llegado al pueblo para comprar mulos de tiro y arrastre, hierros y trastos viejos, carbón vegetal, cabras de Nubia, jumentos de paso fino y cerdos “polanchinos “sin necesidad de proclama como en esta ocasión; era cuestión de esperarlo y transar con él, en tiempos de la honradez y la palabra, el costo de lo negociado en el precio real y justo de un buen entendimiento. Los niños del pueblo, y yo entre ellos, escuchamos el suceso; fue un
martes de diciembre, antes de Navidad, memorable fecha que nos tocaría
recordar por toda la vida. Ese día, en grupo, vendimos a Próspero
cualquier cantidad de “hermosos” sapos de variado tamaño, color, forma,
apariencia, configuración y estilo |
| Crónicas del otro Macondo. -Historias para ganarle al olvido- Guillermo en cine
| | Cuentos y relatos globales. 12.07.15 | Ampliar | “La realidad no existe si no hay imaginación para la verdad” Paul Auster. Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- En el pueblo una vez, hace años ya, el dueño del cine, Bolmar Aguilar, nos programó un ciclo de diez películas del Oeste Americano desde la muy famosa “Río Bravo” hasta “La diligencia”, pasando por las taquilleras “Cielo Amarillo”, “El Jinete Pálido”, “El forastero iba armado”, “Winchester 73”, “Duelo al sol”, “Juramento de venganza” “Veracruz” y “Lawman”. A decir verdad, tuvo gran acogida el programa y el “Teatro Montecristo”, noche tras noche, a la luz de la Luna y las estrellas, se llenaba de asistentes gustosos de este tipo de filmes. Entre el público, infaltable como siempre, oculto en el refugio de la penumbra, con un cigarrillo encendido entre labios, estaba Guillermo, cineasta distinto que en el ocio de los domingos se aprendió de memoria el nombre de muchos actores y que refería como dibujados los episodios de algunas cintas; cineasta que iba a ver en el celuloide lo que otros no por distraídos y algo olvidadizos. Un cineasta que por encima de los abucheos, de los silbidos y protestas que los presentes, debido a que en lo mejor de la trama no faltaban fallas técnicas del proyector, en una pequeña agenda con la cual solía ir, bolígrafo en mano, en la semioscuridad de la atestada sala, escribía anotaciones ignorando las quejas y el malestar de la bulliciosa concurrencia…
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| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- El doctor Arango
El médico que volvió impuntual a la muerte
| | Cuentos y relatos globales. 05.07.15 | Ampliar | “Para el médico, curar es una forma de vida”. (Miyamoto Musash) Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez: Enviado desde tierras antioqueñas por la Divina Providencia y quedándose a vivir con nosotros hasta los días de su muerte, en el absoluto ejercicio de su oficio, montado en su caballo zaino, el doctor Arango, todas las mañanas recorría el pueblo para visitar religiosamente, uno por uno, a sus enfermos. Él, en su tiempo, fue el poderoso destructor de primitivas enfermedades y afecciones del diablo… y una manera segura de sentirnos sanos totales. Era la medicina antigua del doctor Arango, el símbolo más explícito de la salud; era también una medicina de fuerte sometimiento a la curalotodo penicilina al cien por ciento; una medicina de sumisión a su jeringa y a las dolorosas inyecciones con las cuales, de frente, desafió tifos, paludismos, venéreas, erisipelas, gripas, tétanos, tiñas, herpes genitales, otalgias infantiles, conjuntivitis, psoriasis, sabañones, eclampsias, hemorragias, fiebres malas (en tal tiempo como que existían las fiebres buenas), torticolis, dolores de estómago, y de costado, locuras intermitentes y…pare de contar… |
| I Certamen de relatos cortos 'Derechos humanos' España | | Amnistía Internacional Andalucía. 25.06.15 | Ampliar |  Género: Relato Premio: Placa conmemorativa Abierto a: mayores de 18 años Entidad convocante: Amnistía Internacional Andalucía País de la entidad convocante: España Fecha de cierre: 30:09:2015 Amnistía Internacional Andalucía, en su deseo de promover y apoyar la defensa de la justicia y la libertad, así como incentivar el entusiasmo y coraje que logre construir un mundo en el cual se llegue a entender que los derechos humanos están por encima de todo, convoca este certamen que se regirá por las siguientes BASES: |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Mi abuelo Hernán, el campesino
| | Cuentos y relatos globales. 21.06.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. Mi abuelo Hernán, el campesino, no pudo nunca en la vida ser un hombre de ciudad; en ésta, él, las pocas veces que estuvo de visita, sufrió graves problemas de ubicación porque los altos edificios y viviendas no le permitían orientarse con facilidad como sí lo hacía en el monte donde: árboles, cerros, arroyos, ranchos y caminos emblemáticos le indicaban fácilmente encontrar el norte de su brújula mental y sin que esta jamás le fallara era capaz de llegar a donde tenía que llegar sin tanto enredo. Tenía mi abuelo Hernán, el campesino, su capacidad para desenredarse de lo que le confundía y no fueron sus problemas de salud ni el Alzheimer, ni el Párkinson ni el colesterol ni el estrés, cosas de las que nunca supo. Eran, en cambio, sus complicaciones de mayor importancia la falta de lluvias, el ganado enfermo, las cercas rotas, el gusano que se comía al maíz, el hormiguillo de su burro bayo y ese ñeque ladrón que le comía la yuca en la parcela.
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| Crónicas del otro Macondo. -Historias para ganarle al olvido- Prima Marta y su tijera ombliguera
| | Cuentos y relatos globales. 14.06.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. Es cierto, el pueblo carece de museo municipal así como tampoco posee siquiera un lugar destinado al estudio de las ciencias, las letras humanas, las artes liberales, y que a la vez sirva para exhibir y guardar allí, hasta la posteridad, objetos y piezas nobles que hagan parte de su cultura e historia; pero de tenerlo, estoy seguro, nadie en éste que se asome a la orilla serena y verídica de los sucesos pasados y memorables, negaría en él un merecido espacio a la legendaria tijera con la que prima Marta, la comadrona de todos, personaje de personajes, por más de cincuenta años, oyendo por primera vez nuestro canto de llanto, nos cortó y amarró el cordón umbilical y, untándonoslo de canime, nos lo fajó para que en tres o cuatro días la cicatriz de la vida sanara, secara y se callera. Alguien debe tener entre sus valiosas pertenencias la historial tijera ombliguera de prima Marta; algún familiar a lo mejor, guardada entre impolutos algodones como apreciada reliquia que Dios bendijo y que, en manos de esta anciana y benéfica matriarca, asistiendo en forma experta a nuestras madres en la hora del doloroso trance, al nacer, alzándonos en triunfo para que nuestros pulmones se llenaran de aire, nos permitió la clarinada cortante y expresiva de un victorioso grito de vida al abordar con su ayuda la nave Tierra.
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| Una pesada carga. | | Cuentos y relatos globales. 07.06.15 | Ampliar | Federico Ortega.- Cuando salió a las siete de la tarde de la clase particular de inglés, no pudo quedarse a charlar con sus compañeros, como le hubiera gustado. Debía apresurarse para llegar a tiempo al partido de tenis que disputaba tres veces por semana, por la tarde-noche, con luz artificial. Se echó la bolsa con las cosas del tenis a la espalda, cogió la bici y se despidió de sus amigos. Miró a Mónica y le dijo que la llamaría para explicarle como funcionaba el programa de ordenador que le había prestado y echó a correr. Se llamaba Pablo, tenía 15 años y vivía en una ciudad del sur. Era muy alto para su edad, guapo de cara, con el pelo castaño, un cuerpo fuerte y atlético debido al mucho deporte que había hecho desde pequeño. Había probado de todo: fútbol, judo, footing, pero su padre había insistido en que el tenis tenía mucho futuro y como a él también le gustaba, desechó lo demás y desde hacía cinco años siempre se le veía con la bolsa de las raquetas. Había ganado ya varios torneos juveniles y sus enfrenadores decían que llegaría lejos. |
| El origen de Andalucía. Los andaluces son Lycios | | Enrique Cabrejas . 02.06.15 | |  Andalucía no tiene origen en el nombre morisco de Al Ándalus, como se ha tenido por cierto hasta la actualidad. Al Ándalus se trata de un exónimo, es una traducción al árabe del nombre original que tuvo Andalucía en la antigüedad y antes de la llegada de las razias musulmanas a la península. ¿Pero cuál es ese nombre? ¿Los andaluces de donde proceden? ¿Cómo pude averiguarlo? No imaginan lo que he de anunciarles, es demasiado asombroso, ya que descubrirán una historia sobre Andalucía y los andaluces que jamás llegaron ni por asomo a imaginar. Les transmitiré un conocimiento inédito que solo pude alcanzar a través de descifrar la escritura ibérica el 21 de Abril de 2012. AMPLIAR |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
En el día de las madres…
| | Cuentos y relatos globales. 31.05.15 | Ampliar | Tona, por siempre Tona Otra manera de ser madre *Madre: amoroso ser que sabe dónde dejas las pantuflas * A José Víctor, su hijo…y a mis primos. Petrona CoronellLo primero que diré acerca de este humano y singular caso de maternidad que hoy me ocupa, es que la llamada madre de crianza también es madre sin serlo. No me es posible decirlo de otra manera. Así como el hijo de crianza es hijo de ésta aunque ella no lo hubiese traído al mundo. Parece complicado el asunto pero no; es más explicable de lo explicable porque de ellas y de ellos está llena la historia de la humanidad. |
| “La última mujer sobre la tierra (…).” Cuentos y Relatos Globales
| | Mariano Cabrero Barcena. 24.05.15 | Ampliar | Mariano Cabrero Bárcena. 24.05.15 Y muchas veces recapacito: Tengo soledad, tengo viento, tengo pétalos de pensamientos y suprema libertad para arrojarlos al viento, miles de esos pétalos de pensamientos. Y, después, de esta pequeña-tierna composición poética…cenó con poco apetito y llorando me acuerdo de Rosa María. Ella, la última mujer sobre la tierra había bailado para mí, antes de marcharme a mi soledad. El baile fue a últimos de agosto, noche tranquila donde las haya…Rosa María vestía un traje desenfadado-traje de chaqueta de color gris-, su cara no mostraba maquillaje alguno y sus labios los llevaba pintados…Ella bailo con todas sus fuerzas, la danza de la vida, la danza de la muerte. “Yo que soy libre cual gaviota; soy la que expresa mayor grandes, y bailando miro al cielo y contemplo mi belleza. No me dejaron-una vez más-bailar sola”-siguió diciendo Rosa María-“ellos…los que mandan, los que niegan belleza…Son corazones ojos cerrados-fueron jueces implacables-, mas son puritanos que gozan en otros cuerpos lo vedado. Siento gratitud, y siempre la he sentido, hacia aquel beso que brotó de los labios de la última mujer sobre la tierra, quien me manifestó silenciosamente…, “que sí…, que no era mi amada”. Otras mujeres me habían querido antes con todas sus fuerzas, pero Rosa María, “me dijo”, y valiéndose de su boca, “¿qué es el besos? El beso que una amada da a su amado. Y que un beso de amor… no se le da a cualquiera”. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- El viejo Benigno
| | Cuentos y relatos globales. 23.05.15 | Ampliar | De Walter E. Pimienta Jiménez..- Al viejo Benigno se le respetaba o se le respetaba…no había otra, porque andaba con una escopeta entre manos que comunicaba a uno un miedo indecible…Yo, por eso, no osaba nunca mirarlo a la cara cuando a él, para ir donde su hija Celia, vecina de mi mamá, por el callejón de Juan Rocha me lo encontraba. El respetable personaje miraba siempre con ojos de sospecha a los demás y, con duda previa, juzgaba a todos por igual. Era campesino raso, cultivador premiado de grandes cosechas de maíz y sembrados de yuca que asistía con celo desmedido y que cuidaba de los ladrones y “caballeros”… por eso lo de su escopeta marca “u”. Había quienes en el pueblo, precavidos se le acercaban y le hablaban para provocarle esas respuestas sarcásticas e irónicas que le caracterizaban, a riesgo de un insulto soez con ornatos metafóricos de un vocabulario de peste del que nadie podía verse libre. Era Napoleón Coronell, vecino del barrio, quien en forma temeraria más lo sonsacaba y se daba el gusto de tratarle dirigiéndole la palabra siempre sonriente, anuncio del dardo propicio, provocador y burlón que le soltaría como la vez en que éste, dueño de su dulce ociosidad, acercándose al sembrado de maíz parido que el viejo a los alrededores de la población tenía, contrario a lo que veía, le dijo: |
| Una historia muy bonita (Mi Sueño)
| | Cuentos y relatos globales. 10.05.15 | Ampliar | Por Sandra Pérez Blázquez.- Seguía tumbada en la cama, no era temprano porque mis vecinas habían comenzado a cantar flamenquito por las ventanas, mientras otras colgaban la ropa multicolor, por no decir multirracial, en los balcones. Me gustaba ese sonido que callaba al silencio, hacía no sentirme sola, porque desde que él se fue las noches permanecían vacías, no estaban llenas del agotamiento para descansar. Deambulaba en mi cama, dejando pasar el tiempo en un abismo que no puedo describir, pero ese día quizás estaba más fatigada, y justo cuando abracé la imagen prehistórica que me regaló, tuve un momento de paz con los ojos cerrados. A veces la miraba recordando a Olivier junto a mí riéndonos. Me preguntaba porqué no lo hicimos, porque no nos marchamos al campo e intentamos llevar una vida casi como los Amish, donde ninguno de sus vicios nos hubiera separado. Era joven, veintidós años y él treinta, pero en experiencias había una diferencia de al menos cuarenta años…había sido tan ingenua. Pensaba que la vida junto a él se limitaría a salidas a cenar, hacernos el amor y bailar, porque lo hacía conmigo, pero no, las debilidades lo llevaron a terminar con todo pronto. Sabía su sufrimiento, aunque nunca me lo enseñara, pero mi corta edad me hacía pensar que mi amor lo separaría poco a poco de todo, muchas mujeres lo habían conseguido. Por eso me sentía un poco fracasada, porque no pude, no pude, como se dice, llevarlo por el buen camino, a pesar de que todas las mañanas me diera un beso acariciando mi vientre, y me dijera gracias. Nunca supe por qué me lo decía, y ahora que estaba sola, creía que le pasó como a mí: había tenido una soledad no querida. |
| Crónicas del otro Macondo. -Historias para ganarle al olvido- Alguien se robó el cañón
| | Cuentos y relatos globales. 03.05.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Nadie sabe nada y nadie somos en el pueblo 17.251 personas, una por una contadas, según el último censo nacional. El caso es que alguien nos ha dejado sin él, exponiéndonos peligrosamente al ataque repentino de una invasora e inesperada tropa enemiga. Una mañana de junio, ante víspera de la fiesta patronal de San Juan Bautista, Justiniano Márquez Molina, el acalde, al no verlo en el cuarto del arsenal, de la pólvora y los cachivaches, con el fin de ordenar que “Julián Macoca” lo cargara y disparara anunciado así el inicio del festejo, preguntó a su secretario Belisario Macías que dónde estaba el legendario cañón municipal y la inquietud se quedó en el vacío. El mandatario, preocupado por la valiosa pérdida, con el carácter de urgente, resolvió enseguida convocar a una reunión a todos los empleados de la administración y ante estos expuso el caso señalando como inadmisible y antipatriótico, dejar al pueblo inerme y desarmado a merced de cualquier fuerza contraria en tiempos en que todavía no faltaban por ahí levantamientos civiles y rebeldes; pero otra vez nadie sabe nada y nadie somos en el pueblo 17.251 personas, una por una contadas, según el último censo nacional. |
| La belleza | | Cuentos y relatos globales. 19.04.15 | Ampliar | Sandra Pérez Blázquez..- Me introduje en su vida poco a poco,
como se hace ahora, de la forma más vulgar y culta que se utiliza en las
redes. Intentaba seducirla con la palabra, mi edad hacía que tuviera
ventaja, y aunque se dejó llevar desde el principio, era ella quien
dominaba, quien con sus bajos desprecios me reclamaba para apaciguar su
joven pasión no saciada. Fue así como empezó, como formé parte de su
solitaria vida, provocando la falsa amistad con la que se comienzan las
relaciones a distancia. Elena, la más bella, vivía en un apartamento
situado cerca de la Puerta de Toledo, yo a doscientos metros de
Atocha, próximo a mi futuro, cerca del enigma de mis deseos. En
ocasiones coincidíamos pero no me reconocía, a pesar de que se cruzaban
nuestras miradas, y entonces mi timidez actuaba como un adolescente
bajando las pupilas, reclamando su aceptación idolatrada. Elena vestía
con estilo informal, casi siempre despeinada, pero sus zapatos y andares
le daban la suficiente clase para ser la amante de cualquier cama. En
muchas ocasiones paseaba cerca de mí, casi rozándome, sin que supiera
que en mi mujer se convertiría cuando el secuestro que tramaba estuviera
totalmente estudiado, donde el rapto de su fidelidad llevara a la
relación más perfecta y deseada. De eso se trataba, decía mi madre, de
luchar por las ilusiones y no descansar hasta decir: “no pude hacer
nada”. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- Mis Semanas Santas perdidas
| | Cuentos y relatos globales. 05.04.15 | Ampliar | Escribe Walter E. Pimienta Jiménez.- A partir del Domingo de Ramos, se suspendía en el pueblo cualquier asomo de fiesta y diversión. Sastoque, el alcalde militar de la época, mediante la lectura pública de un bando oficial, ordenaba hasta el Sábado de Gloria, a las doce en punto de la noche, el cierre de billares y cantinas amenazando con cárcel y el pago de costosas multas a los transgresores del edicto… Y junto con aquella disposición, la vida municipal cambiaba. La gente, como si fuera otra, hablaba en voz baja, se hacían los oficios domésticos en silencio, se rezaba el rosario tres veces al día y, al mismo tiempo, las estaciones de radio sólo piezas musicales eternas y fúnebres emitían: Era Semana Santa. Asimismo, las mujeres, con cara de consternación, cambiaban enseguida sus vestimentas por otras de riguroso luto pues el muerto era de todas y no se trataba de un muerto cualquiera; se trataba del Hombre de la Cruz… a quien le guardaban sentida estima…, al cual, de niño, postrado de rodillas, con palabras fervorosas, pedí siempre por la salud de mis padres y la salvación de mi alma. Anunciado públicamente el recogimiento y la contemplación, toca decírmelo ahora, era yo quien menos se recogía y, a manera de abierta conspiración, presente estaba en todos los eventos y sucesos de la Semana Mayor entre nubes de incienso que me embriagaban. Por eso aún me veo en la iglesia del pueblo mirando sorprendido cómo la Niña Ramona, entregada siempre a Dios y a su servicio, montada peligrosamente en una escalera que le prestara Silvestre, el sacristán, con fundas de tela morada y de tamaño natural, cubría de pie a cabeza a todos los santos, aquellos santos cuyos ojos de vidrio les imprimían una conmovedora apariencia de vida y que, ante el carácter funerario del momento, me estremecían de terror al compararlos, así vestidos, con los disfrazados de capuchón en carnaval. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- “El torero hermoso” | | Cuentos y relatos globales. 21.03.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. En diciembre, para la fiesta patronal de la Inmaculada Concepción, vino al pueblo un forastero que llegando a mediodía a almorzar a la fonda de Pascuala, entrando a ésta impetuoso y sin saludar a nadie, a los presentes dijo: -Soy Walter Travesero, “el “Torero Hermoso”. Abro plaza esta tarde. El visitante vestía ajustado pantalón de paño gris, camisa blanca de boleros y mirando a todos, en el primer taburete que encontró disponible se sentó cruzando las piernas dejando ver sus lustrosas y altas botas de color marrón con ojetes y unas medias negras con liga. Tenía cara de actor de cine “el Torero Hermoso” pero no de torero. Era alto, de tez blanca sonrosada, de ojos azules y lucía bien afeitado y correctamente peinado. -Tiene ojos que me sacan de quicio- dijo Jacinta la joven y bonita hija de Pascuala al verlo. -De gallinazo, querrás decir- le respondió uno de los comensales. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- El reloj de la viuda Carlotica
| | Cuentos y relatos globales. 01.03.15 | Ampliar | Escribe Walter E. Pimienta Jiménez.- La casa de la viuda Carlotica siempre tuvo las puertas abiertas para recibir en ella las fantásticas invenciones del entendimiento humano y por esto ella, diciéndose con sabiduría que el tiempo hay que medirlo en forma exacta para que no se pierda y así rinda más, hizo sin mucho bullicio que su complaciente y amoroso marido le trajera de Colón, Panamá, el primer reloj de pared que hubo en el pueblo. Hasta entonces, con el canto de los gallos, por la posición del sol en el cielo y según la ubicación de la sombra de las cosas y de los árboles sobre el piso, la gente milenaria y sabia, calculaba en el trajín cotidiano el paso de las horas con la desventaja de que, a veces, imprecisa, por haberse sobrepasado en algunos oficios domésticos, estas no les alcanzaban y entonces se trastornaba el orden y el trabajo en la candorosa paz aldeana teniendo en consecuencia que retomar la vida, al otro día, en el consuelo posible de que ojalá esta vez los gallos no se equivocaran. El reloj, de unos dos metros de largo, fue instalado en una de las paredes de la sala. Era de fina madera labrada y estaba sincronizado con tal precisión que cada media hora y cada hora, sus unánimes campanazos se escuchaban en todo el pueblo anunciando no solamente la grandeza inconmensurable del tiempo, sino también pregonando en su articulado tictac de ruedas dentadas y piñones, el origen y el fin de todo y gravitando en la calculada disposición de los abuelos que, con un perrero legislativo en las manos, fijaban a sus nietos la hora del desayuno, la hora del almuerzo, la de la cena y la de irse a dormir después de orinar, tomar agua y rezar el ángel de mi gurda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día…Con Dios me acuesto, con Dios me levanto y la Virgen María me cubre con su manto… |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- El problema de las baldosas
| | Cuentos y relatos globales. 22.02.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- En la Escuela Normal de Varones, de joven, Víctor recibió su grado de normalista calificado en la docencia. Una aureola especial tuvo su logro pedagógico si se explica antes que para ser admitido en dicha institución, participó entre 312 aspirantes que tenían que resolver primero el difícil problema de las baldosas ante tres jurados doctos en matemática y geometría y que, cual tribunal inquisidor del conocimiento, juzgó su significativa inteligencia para los números resolviendo la incógnita o rompecabezas con una enredad ecuación de tercer grado que contenía varias supuestas respuestas a la vez, llegando a ellas si se descifraban distintos polinomios de más de un término para luego sumar a la “n” potencia, catetos y ángulos rectos pues planteaba la compleja pregunta cuántas baldosas de 12. 8 centímetros por cada lado, se necesitarían para embaldosar un salón de forma rectangular que medía 25.5 metros de largo por 8.35 de ancho. |
| Al Cenachero le han robado el otro cenacho | | Lydia Tapiero Eljarrat. 20.02.15 | Ampliar |  Málaga tiene su propia balanza con olor a fresco y a mar. Muestra con orgullo su icono, nacido de un pasado de humildad y fortaleza. Y es que la estatua de El Cenachero sigue pregonando sus boquerones y yo me engaño creyendo que le escucho. Busco sus comienzos y me adentro en la Málaga del siglo XIX. La ciudad encendida con chimeneas, que funden el acero a la velocidad del progreso. Es la época de la bonanza, de los burgueses, de la construcción de hoteles y villas. Me parece escuchar que el tren se acerca, el jefe de estación también lo ha notado, se acomoda la gorra roja y consulta su reloj de cadena. La fábrica de hilados y tejidos está en auge, como las olas de la economía que golpean la costa y entran dejando el olor marino. Los Loring enriquecen la ciudad con obras de arte de todo el mundo. Estamos en la ciudad rebelde, la ciudad de la justicia que termina con el reinado de Isabel II e impone la democracia. Y fue en esa época de auge y prosperidad donde nació el Cenachero, en un certamen poético y pictórico. Leoncio Talavera perpetua al vencedor: la pintura de un Cenachero joven, con la cabeza alta, hacia atrás, pregonando su mercancía como si esta fuese tan valiosa como su vanidad. El pueblo ha hablado y a pesar de las otras muchas glorias de Málaga, la imagen de orgullosa humildad se convirtió en un icono de la ciudad. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- Mi amigo Juan
| | Cuentos y relatos globales. 15.02.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Con la deferencia y respeto que me merece la familia Arteta Macías. Te escribo Juan esta crónica de buena voluntad y con la mejor intensión. Va dedicada a ti porque te la mereces y no porque seas menos personaje que otros; porque tu raigambre humana y popular, y tu nobleza de alma, jamás me ha hecho verte diferente sino protagonista e intérprete de tu mundo para nada distinto ni desigual. Mi buen amigo Juan es el hombre más público del pueblo; no es más que ponerle un saco a cuadros y una corbata roja y quienes no le conozcan, al verle así vestido, llegarían a pensar que él es el señor alcalde o quizás alguien más importante: un inteligente senador con poltrona propia en la Cámara de Representantes, porque a nadie vienen tan de acuerdo los adjetivos calificativos que esta crónica usará para decir del respetable personaje que le tengo entre uno de mis incondicionales más inteligente en la alta categoría de memorable, célebre, afamado y distinguido. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- La carta rota
| | Cuentos y relatos globales. 08.02.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- La tarde de un domingo de mayo, mi hermana Cristina y yo, con sigilo entramos a al patio de la alcaldía municipal a “robarnos” unos anones de sabor irresistibles que allí se daban y nos encontramos, dispersos en el suelo, los papelillos de una carta rota como en nueve mil novecientos noventa y nueve pedazos. La estancia estaba sola porque ese día no había despacho y, en paciente labor de costurero, dándole sabiduría a las manos, de acuerdo con lo que en cada trocito de papel leíamos, descifrando lo indescifrable, entre acertijos y designios, la armamos como pudimos ahogados de ansiedad por saber lo que decía. Lo primero de lo que nos enteramos fue que alguien hablaba de su corazón maltratado y que pedía el destierro si otra persona, por él o ella (aún no lo sabíamos), dejaba a su pobre vida sin porvenir pues, envejecido, al volver, ya no tendría edad para amarla o amarlo y el olvido le sería la peor desilusión. |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- La “Niña Sara”
| | Cuentos y relatos globales. 01.02.15 | Ampliar | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez..- Cuando conocí a la Niña Sara Padilla -como le sugiere al lector el título de esta crónica- ésta no era una niña; era, por lo contrario, toda una señora… ¡y vaya qué señora, oyó¡ … Lo de niña no fue sino el trato respetuoso, amigable, cariñoso y cuidadoso -merecido por demás- que en el pueblo se ganó y que le dábamos quienes pretendíamos cruzar con ella metódicos lazos de amistad y de consideración, desinteresados y sin halagos lisonjeros. La Niña Sara cantaba como una alondra cuando amanecía de buen humor y con el hígado en su puesto; recitaba, además, hermosas poesías de su pariente el poeta Juan V. Padilla, en especial aquella que así empezaba: “Su pecho sube y baja y ondula como el mar”… Y, en tales momentos felices, por la expresión suave de su rostro, era una matrona exquisita que de haberlo querido, hubiese pasado la vida en olor a rosas, nada sufrida y como detenida en una perenne edad de diecisiete floridos años…libre de penalidades… |
| Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido- Mita sin mito
| | Cuentos y relatos globales. 25.01.15 | Ampliar | Walter E. Pimienta Jiménez.- Le decían cariñosamente Mita; su verdadero nombre era Margarita (o es, si sigue viva), y de ella lo que inicialmente esta crónica dirá es que fue la primera mujer “chofer” que luciendo finos guantes blancos de seda, vi en el pueblo. Y también quien, previamente a otras, se atreviera a vestir de hombre y así ataviada montara a caballo haciendo los dos ejercicios con la pericia no de un varón (porque en el pueblo no todos los hombres eran choferes ni sabían montar acaballo), sino de una mujer que restándole por completo importancia a los sometimientos fastidiosos de la sociedad de antes, pidiéndole más cordura en su forma de ser, de paso, le violentaba así el justo derecho a ejercer lo que ahora llaman la expresión de la libre personalidad. Mita, para entonces, estaba recién llegada de los Estados Unidos, país donde sus padres la habían mandado a estudiar en tiempos en que no todas las mujeres estudiaban y mucho menos en el extranjero. |
| Relato: La amistad de un burro | | Lydia Tapiero Eljarrat. 18.01.15 | Ampliar |  A Carlos le encantaba soñar, pero no solo soñaba cuando estaba dormido, también soñaba cuando desayunaba, cuando su padre le llevaba al colegio y sobre todo soñaba en clase de dibujo: al pintar un caballo este le invitaba a cabalgar, corría detrás de las mariposas con puntos de colores rojo y azul, y visitaba las flores amarillas que vivían en el pueblo de su abuelo, incluso olía a césped recién cortado. Ese día Carlos estaba pintando un canario de color amarillo y, como siempre, su imaginación le llevó muy lejos de clase, justo a la rama de un árbol donde había un pequeño pájaro cantando; sin darse cuenta empezó a silbar para imitarlo. De pronto, escuchó las risas de sus compañeros y la voz del profesor que hizo callar a todos con un: '¡Silencio!'. Carlos dejó de ver al canario, para encontrarse con una clase que le miraba solo a él. –Carlos te he hecho una pregunta y espero una respuesta –se enfadó el profesor. Carlos no había escuchado la pregunta, pero pensó que sería: '¿De qué color estas pintando el canario?' |
| Crónicas del otro Macondo Las gafas de Berrocal
| | Cuentos y relatos globales. 04.01.15 | Ampliar | Walter E. Pimienta Jiménez.- Berrocal era todo un personaje de novela. Usaba gafas oscuras. Llegó al pueblo procedente de Lorica (Córdoba), envuelto en un manto de conjeturas muy propias de su oficio y masticando chicle. Parecía un londinense; su cabello rubio ondulado y sus ojos verdemar le permitían una vanidad de actor de cine que enseguida le ganó simpatías femeninas de otros ojos que, por las tardes, en todos los ventanales de las casas, al verlo pasar, hacían soñar a respetables señoras con conducta de carnaval y a inocentes señoritas de trenzas largas y rostros provincianos cuyos labios rojos aún no habían sido besados. Berrocal era policía afirmado en una apariencia que, cual agente de la Scotland Yard, modificó en el pueblo la historia de otros gendarmes sustentadores de la autoridad a punta de bolillo y que siempre perseguían a incapturables y tradicionales ladrones de gallina. |
| En los 100 años de “Platero y yo” | | Cuentos y relatos globales. 28.12.14 | Ampliar | "Platero II": Madre no es la que pare sino la que cría -dicen-Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Yo podría empezar a escribir esta verídica historia del modo en que la inició Juan Ramón Jiménez en su “Platero y yo” y decir que “Platero II, el burriquito de mi hermana Carmen y de su esposo Marceliano, es peludo, suave, tan blando por fuera que se daría todo de algodón; pero no – esas palabras no son mías y así es como describe el poeta de Moguer al primero, refiriéndose al suyo- mas este otro, asimismo digno de especiales goces y glosas, tiene su encanto de niño que da besos… “Platero II”, no debe llamarse “Platero” porque es de pelaje negro deslumbrante, con un lucero blanco en la frente y, todo él, pintado como la alegoría de una oscura noche de octubre en la que naciera, gracioso y fresco de tan puro, criado por el amor humano, endulza ahora su pena comiendo de las manos de sus amos todo aquello cuanto su boca alcanza… y se viene a éstos y a los trabajadores de la “Finca Tierra Nueva” cual hijo contento y agradecido… |
| Un tema navideño -Historias para ganarle al olvido- Sabores, olores, colores y sonidos de… Mis Navidades de ayer | | Cuentos y relatos globales. 24.12.14 | Ampliar | Escribe, Walter E. Pimienta Jiménez.- De pronto, como si un reloj arbitrario hubiese apurado las últimas horas del año, con este diciembre llegaron a mi memoria los recuerdos de mis Navidades de ayer, un algo sin tiempo, tanto como lo he permitido en mi corazón; llevando de ellas conmigo un poco de lo que éstas ayer fueron…el susurro en los labios de un villancico secreto y recóndito que me retorna lo bello que fue haber sido niño y entonces no había aún descubierto el dolor y las miserias de la vida…o el recibimiento de una y colorida tarjeta navideña enviada por una tía que se quedó a vivir en otra parte donde hay renos y cae la nieve… Mis navidades de ayer no eran excluyentes con nadie; sus sabores, sus olores, colores y sonidos característicos, a todos pertenecían porque el Dios que en ella nacía, a los niños nos alcanzaba por entero, por derecho propio y por jurisprudencia de hijos que, compartiendo en compañía costumbres y tradiciones, vivíamos en esta fiesta lo más cercano de lo que alguna vez pudo haber sido el paraíso antes del bíblico castigo. |
| En el Día Nacional del Café | | Cuentos y relatos globales. 14.12.14 | Ampliar | Por Walter Pimienta Jiménez.- Se buscaba esta vez en “Ladronera” al ladrón de mayores cualidades, simpatía y virtudes. El concurso, teniendo en cuenta las siguientes bases, era libre; es decir, en él podían participar todos los que lo desearan: hombres, mujeres, niños ancianos, ancianas. El participante, a la hora de cometer el ilícito, no podía llevar cubierta la cara ni tampoco portar armas. El premio a otorgarse era el de quedarse con lo robado más la entrega en efectivo de cinco millones de pesos. Del robo, en forma escrita, se haría una publicación en el periódico local “El Buen Ejemplo”, rotativo de circulación nacional e internacional. Se le daba al ladrón un plazo de cinco días para que llevara a cabo su fechoría y la registrara con testigos en la oficina del juzgado municipal. Los concursantes registrarían su robo bajo firma o bajo apodo conocido; en este último caso, en documento aparte y notariado, figuraría su verdadera identificación con dirección, teléfono, fotocopia de la cedula de ciudadanía -si la tenia- tarjeta de reconocimiento al tratarse de un niño o niña y un pequeño currículo de su historial. El jurado estaría compuesto por relevantes ladrones de quienes no se daría a conocer sus nombres sino hasta el día del fallo del concurso. |
| Saludo a diciembre | | Cuentos y relatos globales. 11.12.14 | Ampliar | Por Walter E. Pimienta Jiménez.- Saludo a diciembre como a ese visitante por todos esperado. Diciembre, el del cielo más azul que el azul de todos los azules cielos existentes, convencido de que ya es diciembre porque éste, enredado en las notas de los alegres de los villancicos que salen de la iglesia del pueblo, y que juegan en las bulliciosas panderetas de los niños, vibra y se siente en el último rincón de la memoria. Diciembre, soleado, resistente a morir en un coro de dulces voces infantiles ya que Dios se opone y se asoma a escucharlos gustoso, en razón de que le es grato le canten estribillos y versos de siglos que El teme desaparezcan con el tiempo en el grito destemplado de otros cantos sin júbilo en el corazón. Diciembre oloroso a ropa nueva que se estrena en fiesta; oloroso a mosto y vino que se brinda en el dulce secreto de emociones venideras propias para poetas que, con versos colectivos, sienten a Dios en lo que escriben, encontrando las palabras más sencillas y reverendísimas que le alaban y bendicen en la evocación de un goce. |
| I Certamen Literario de Relatos Breves Motril de antaño | | Francisco Miguel López Jiménez. 24.10.14 | Ampliar |  Ayer tuvo lugar la entrega de premios I Certamen de Relatos Breves Motril de Antaño, en el Museo de Historia de la ciudad. Entre los galardonados le fue otorgado el segundo accésit al escritor y vecino alhaurino, Francisco Miguel López Jiménez por su relato “Aguas estancadas”. Los premios Fueron entregados por la Concejala de Cultura señora Elena, miembros del jurado y Pepe Morales, creador del servidor y de la página “Motril, Recuperar la Historia”. El acto se desarrolló ante un concurrido público con destacadas personalidades del mundo de la cultura y de la política. A continuación se suscribe el relato del premio del segundo accésit. |
| Cuento: ¡Qué susto! | | Lydia Tapiero Eljarrat. 12.10.14 | Ampliar |  Pedro era un niño muy listo y muy obediente, aunque a veces algo despistado. —No te acerques demasiado a las flores, ahora en primavera hay muchas abejas. —Sí mamá —respondió Pedro que creyó haber escuchado algo de primeras flores. Mientras Pedro quitaba el papel del helado, sus piernas se movían al ritmo de una marcha militar. Era su primer helado rojo-colorante, como su madre lo había llamado, porque decía que dejaba la lengua roja como un pimiento. Tiró el papel y se apresuró al espejo haciendo burla, 'cuando vuelva a verme', pensó , 'mi lengua hará tanta gracia como la nariz de un payaso'. Se rió imaginando la cara de su amigo Jorge al verlo, 'seguro que se haría el visco y pondría las orejas de soplillo'. Una gota pringosa se resbaló por su mano, fue corriendo hasta el jardín para comprobar que su helado era más rojo que las rosas y solo entonces le dio el primer lengüetazo. Justo en ese momento escuchó un zumbido, después de chuparse las gotas que habían llegado hasta el codo, miró hacia el frente. |
| El cuento del laberinto | | Cuentos y relatos globales. 28.09.14 | Ampliar | Sandra Pérez Blázquez.- Erase una vez una niña que vivía en una gran casa, con hermosos jardines y con su perrito Tristán. Pero, a pesar de tener todos los lujos, se quejaba porque siempre estaba sola. Sus padres, muy ocupados con sus negocios y actos sociales, no podían dedicarle mucho tiempo, no lo disponían. Mía, que así se llamaba, solía desayunar con los criados, quienes eran los que realmente la cuidaban y mimaban, luego daba clases particulares con una institutriz alemana muy estricta, comía, echaba una pequeña siesta, daba clases de música y danza( sus gran pasión), y disponía de seis a ocho de la tarde para jugar. Lo hacía sola, quizás cada día se inventaba una amiga para utilizar su juego de té y cocinita, mientras se disfrazaba con ropas de su madre que achicaba con gomillas e imperdibles. Todos los días eran iguales, solo disponía de los Domingos para comer en familia y de las cenas los días de diario, que era cuando les contaba todo lo que había ocurrido, si había tenido algún problema o alguna alegría. |
| La historia de Kiti Basada en un hecho real
| | Fº Miguel López Jiménez. 06.09.14 | Ampliar |  Como todas las mañanas, desde hace cuatro años, Sebastián pasea su bulldog francés, Pepa, por la urbanización de Capellanía. Sale de su casa, abrochándose la camisa, baja por calle Balandro, cruza calle Arriete y atraviesa hasta Avenida de la música, en la Zona de Capellanía. Se detiene, en época de zarzamoras, a comer las que sobresalen por el alambrado metálico de las pistas de pádel. A veces, precisa un palillo, de los que encuentra tirados en el suelo, para coger las que no alcanza con la mano y traerlas hacia la valla. Tanto a Pepa como a Sebastián les encanta el fruto silvestre. Aunque sea dañino para el animal y, al hombre, se le introduzcan las semillas por la prótesis dental. Hasta aquí todo es normal y habitual en la ruta diaria, matutina. Es consciente que dentro del alambrado hay muchos gatos vagabundos y se alimentan de los contenedores de basura que están apostados al otro lado de la calle. Los animales rompen las bolsas de plástico y rebuscan en su interior, hasta encontrar algún resto de comida o charcutería, ya pasada de fecha y tirada al cubo, en algún hogar de los alrededores. |
| Los tres números | | Cuentos y relatos globales. 28.05.14 | Ampliar | Por Sandra Pérez Blázquez.- El SEIS dicen que es número del demonio y fue ese día, de los primeros del mes, cuando comenzó todo. Sonó un estampido, dando paso al horror y miré alrededor. Observé a la gente chillar, cómo los vasos volaban con bebidas por los aires, cómo se mojaba mi camiseta, la que me habían regalado, y vi cómo el rojo del algodón tenía diferente intensidad al oscurecerse en la parte del corazón, presentí algo, me dolió el pecho, pero concluí que mi profesión de enfermera me estaba obsesionando. Cerré los ojos, intenté relajarme y disfrutar de mis primeras vacaciones pagadas con mi sueldo. Había comenzado a vivir, tenía veintiséis años, otra vez el SEIS, y como jugué bien mis cartas, todo debía ser perfecto para conseguir lo que me había propuesto: un prometedor futuro con un trayecto profesional impecable, una buena familia, hijos, vacaciones, buena casa, quizás alguna mascota… mi aún corta edad me hacía pensar que iba a ser cierto. |
| EL INGENUO GENIO | | Cuentos y relatos globales. 13.04.14 | Ampliar | Por Sandra Pérez Blazquez.- Miré a través del cristal trasero del coche, y vi como la Alcazaba se alejaba junto al Parque ante mis ojos. Le cogí el sombrero a mi nuevo amigo, como cualquier niño ilusionado que se permite jugar con un aparente desconocido, y empecé a soñar despierto con el nuevo futuro que me esperaba. Me volví otra vez, y con un guiño me despedí de mi corto pasado para dar paso al futuro apasionado que me había prometido en solo ocho minutos. Don Enrique, así le llamaba, mantuvo el silencio, que ya inesperadamente empezó de forma constante en mi vida, hasta coger la carretera hacía Madrid, o al menos eso leí en un cartel, no estaba claro el destino. |
| Día de Reyes | | Víctor Frías. 05.01.14 | Ampliar |  Víctor estaba acostado en la cama pero no dormía. Como cada año en la mañana del seis de enero, estaba despierto desde hacía un buen rato. Era el Día de Reyes. “Seguro que los regalos ya están en el salón de casa” - repetía su mente una y otra vez; imaginando el momento en que sus pupilas se llenarían con la contemplación de todos aquellos regalos, esperando encontrar entre ellos el que más anhelaba de todos. Escribir la carta era algo que hacía con gran antelación, como le había aconsejado su madre. Se tomaba su tiempo en escribirla, decidiendo qué poner y qué no; recordando las palabras de su padre cuando le decía que no podía pedir todo lo que deseaba porque los reyes no podían regalarle todo lo que quería, había otros muchos niños en el mundo. Soportando las bromas de su hermano cuando cerraba el sobre con mimo, manteniéndolo pegado a su pecho, sin desprenderse de él hasta que lo echaba al buzón. |
| Mi última carta al Niño Dios
Hay almas de niños que sufren desilusiones de adultos
(Escenas de mi infancia y pre adolescencia) | | Cuentos y relatos globales. 23.12.13 | Ampliar | Por Walter E. Pimienta Jiménez. La carta decía: Querido Niño Dios, cómo estás; confío en que bien porque en el cielo todos lo están… Allá nunca hay tiempo malo; en cambio por aquí sí. Te mando esta carta para decirte que yo te quiero mucho y por sobre todas las cosas; así lo ordenan los mandamientos que leo en el Catecismo del Padre Astete, igual que quiero a mis padres; a mis hermanas Carmen y Cristina y a mi hermano mayor de nombre Jesús, tocayo tuyo, bautizado así a la memoria familiar de guardarte el debido amor y respeto que te mereces. |
| Ensueños lácticos o nadando sobre las olas encrespadas de tu cuerpo | | Cuentos y relatos globales. 17.11.13 | Ampliar |  Cuando ella llega, el tiempo se detiene, y cae desmayado ante sus piernas, como un enamorado enloquecido. Bien torneadas sus (extremidades inferiores), de una perfección más que suprema, y de una redondez, que le levanta la presión arterial a cualquier vidente. El viento excitado le alza (levemente) su pequeña falda (de colegiala) y se alcanza a ver un calzón blanco, bien amoldado a sus glúteos, maravillosos, estupendos. Dicen (algunos apasionados), que una vez que has visto, esa parte especifica del cuerpo, jamás la puedes olvidar, te trepana el cráneo, y se tatúa (la imagen) sobre una parte del lóbulo frontal, haciéndote un esclavo impetuoso. |
| ¿Los muertos descansan en paz? | | Cuentos y relatos globales. 10.11.13 | Ampliar | Por: Luis Antonio Ismael Muro Mesones. Estoy solo; en una eternidad por demostrarme que tengo biografía. Los mayores entendidos o ancianos de los pueblos, explican que alguna vez las personas van alcanzar estar solas; similar a los bebes cuando no nacen todavía. Solos una vez en la existencia. Estoy realmente solo. La verdad es que no recuerdo casi nada. Tan inesperado como un ensueño que nos invade la conciencia; o como un ocaso en el horizonte. Y al cavilar concibo que me rasco la cabeza. Tal vez al hacerlo inconscientemente, trato en mis movimientos de encontrar días pegados en mi inconsciencia; pero no hay nada… ¡Nada! Ni un único recuerdo. O todos los recuerdos juntos y confusos, como una burbuja de jabón que se revienta, volviéndose vacío. O como un diario de vida en el que se rasguea la intimidad; y aparecen unas manos ajenas e insensatas y arrancan las hojas. |
| Una carta-cuento sin la letra “A” | | Cuentos y relatos globales. 27.10.13 | Ampliar | (De mi próximo libro “Cuentos de la casa & la cocina) Por; Walter E. Pimienta Jiménez.- A aquella vieja máquina de escribir, como le ocurre accidentalmente a una persona cuando pierde la necesaria mano derecha, le hacía falta la "irremplazable" letra "A" y, a pesar de todo, sintiéndose todavía ciento por ciento útil e indispensable, esta diciente carta-cuento, en señal de desagravio, a su dueño le escribió: |
| El término del vacuo
Por Sandra Perez Blazquez. | | Cuentos y relatos globales. 20.10.13 | Ampliar |  ¡Bienvenida!. Ese es el nombre que decidí ponerle en la intimidad. Desde que la vi supe que sería bien recibida en mi vida, y así la llamaría en el subconsciente, aunque el real fuera más corto y femenino. Eran las nueve de la mañana cuando el grupo se había completado, la mayoría asistíamos a la facultad: profesores y alumnos. El resto, al igual que mi deseo, graduados que mantenían el contacto participando en eventos que organizaba la asociación de estudiantes. En esta ocasión consistía en una excursión por el Monte Jarapalos, donde la naturaleza nos haría olvidar. |
| "Más sabe el Diablo" Por Miranda Collet | | Miranda Collet. 13.10.13 | Ampliar | CAPÍTULO III. La Familia Paralela Puerto Vallarta, México, 1993
Amanda está acostada en el suelo fresco del dormitorio de su querida primera cuñada, Raquel, escuchando una cinta de Teresa Robles, una excelente sicóloga. Con su amable voz, la doctora está diciendo que podemos tener una familia paralela, o alternativa, a la nuestra; ‘nuestra’ siendo la familia actual biológica nuestra. La sicóloga nos conduce a esta familia alternativa al decirnos que podemos escoger la madre y padre que necesitamos y queremos tener. Luego viene la concepción de nosotras mismas, el embarazo, el parto, los hermanos, el lugar donde vivimos, nuestras destrezas. |
| Sueño de Jaime Jaramillo Escobar, nadaista y funcionario público A Giovanny Gómez y Miguel Rubio | | Cuentos y relatos globales. 13.10.13 | Ampliar |  La noche del sábado 25 de mayo de 1940, cuando cumplía su octavo año, Jaime Jaramillo Escobar, nadaista y funcionario público, tuvo un sueño que soñaría recurrentemente todo el próximo año. Soñó que era un ombligo: Solitario, silencioso, sugerente, perturbador. Un ombligo desnudo. Vivía - aún vive - en la luna, envuelto en una sábana de estrellas, despetalándo poemas ofensivos anunciando a los moribundos su cercana putrefacción. Jaime tenía una caja roja de dónde sacaba versos y poemas como un culebrero: Octosílabos para el astigmatismo, alejandrinos para la gripe, endecasílabos para el insomnio, redondillas para los perezosos y conformistas, sonetos para los bipolares, los transfuguistas, décimas para la corruptela hemorrágica: enfermedad de transmisión electoral ampliamente extendida en su tierra. |
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"Más sabe el Diablo" Por Miranda Collet
| | Miranda Collet. 29.09.13 | Ampliar |
Alhaurin.com y Malaka.es comienzan a publicar por capítulos el libro "Más sabe el Diablo" de Miranda Collet. Cada domingo haremos una nueva entrega hasta el final de la novela.
Yo soy Miranda Collet. Nací en Inglaterra poco despues de la segunda guerra mundial. Mi familia enmigró como tantas familias europeas en esta época, a las américas. En nuestro caso el punto de asentarnos fue en el desierto de Arizona, EEUU. Vivimos en una finca avícola y en mi niñez trabajé duramente en nuestra pequeña granja familiar. El patrón de movimiento fue indeleble. En mi vida de adulta he vivido, trabajado, me he casado y descasado, parido hijos y recogido otr@s, he conocido excelentes personas en viajes y como vecin@s, he tenido la suerte de poder estudiar, he podido participar en (anti) guerras y en movimientos sociales. He escrito y pintado, he acompañado y me he sentido acompañada. México, El Salvador, Nicaragua, Cuba, Yugoslavia, Gales, Cisjordania, la India, Suráfrica y Suramérica. ¡He tenido toda una suerte! He encontrado el quehacer en cada lugar, en el área de educación más que nada, pero también en logística, como pintora en obras de creación social, como periodista, traductora, pacifista y guía en la zona de guerra en Centro América.
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| Un ladrón en la casa
| | Cuentos y relatos globales. 07.07.13 | Ampliar | Walter Pimienta Jiménez.- Ágata Alonso y Ferrusquín de Fernández y Gómez, la mujer del alcalde de “Ladronera”, desde la penumbra de su cuarto, sintió un extraño ruido en la sala de su casa y aquello sembró en su corazón un enigma que tocaba esclarecer y, resistiéndose a ver qué era, sintió miedo. Frumencio Fernández y Gómez, su marido, a su lado, dormía como una piedra. Al principio ella pensó que era “Minino”, su gato, pero un nuevo chasquido de cosas metálicas le hizo sentirse insegura de su presagio y, entonces, vencida por una misteriosa intuición de clarividente, sacudió tres veces a su conyugue diciéndole con voz temblorosa baja: |
| Atrapado entre la pasión del cuerpo y los ecos "eternos" del alma; estoy buscando un remanso de paz o de excelsa locura... | | Cuentos y relatos globales. 19.05.13 | Ampliar |  Estoy comiendo un rico manjar: pepinos tiernos, rodajas de naranja, algunas gotas de mandarina, sal y pimienta. Tengo en la mano izquierda un vodka doble, con soda, rocas de hielo, y una cascara de limón fresco. La anhelada embriaguez no llega, con sus besos somníferos, y esa sonrisa de hierbabuena. Percibo, (entre sueños) que todo está muriendo, dentro de mi tiempo y espacio. Muevo la cabeza, tratando evadir las representaciones mentales, que me atormentan… Nada. “En los ojos están mezclados los lamentos del espíritu y la fogosidad del cuerpo…” |
| | | Cuentos y relatos globales. 12.05.13 | Ampliar |
Luis Antonio Ismael Muro Mesones [luisantonioismael@hotmail.com]. Con la oscuridad inmediata de la noche, se viene el charco de aullidos. Aullidos y explosiones que retumban en los cerros, que bajan resbalándose por las aguas de las quebradas, haciéndolas hervir; que suben por las faldas de los cerros arruinando sus pastos verdes. Aullidos y explosiones que infectan el aire, con olor a pólvora, azufre, a infierno… y da bastante desconcierto, miedo y eriza la piel. Don Hipólito nervioso dice a su mujer: - Sabes Santosa, ya mi cuerpo se ha acostumbrado a sudar frío igual que el nevado. Como quisiera que estas mantas nos cubran de todo este miedo. Mis manos y mis pies hace tiempo que no tienen sangre; ellos llevan el mismo frío del pánico de la noche. Lo único que está caliente en mí, es mi pecho, por este corazón que quema, que suena a tambor lejano como contando las desgracias con sus latidos y me hacen doler las costillas, como si me las quebraran… Santosa.
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| Un relato de Semana Santa Era Viernes Santo | | Cuentos y relatos globales. 07.04.13 | Ampliar | Por: Walter E. Pimienta Jiménez.
A los poetas: Fermín Molina V. y Ángel Alfonso Molina M. Era Viernes Santo y el cielo de Juan de Acosta, de pronto se volvió gris. El gris, desde niño, me enseñó mi mamá, es ese color de ropa conque las mujeres de antes guardaban luto de consideración, y por algunos días, a una persona fallecida amiga o conocida. El gris, desde entonces, ha sido siempre para mí, más que un color, un sentimiento denso, oscuro y al que siempre relaciono con la Semana Santa y con sombríos celajes y cúmulos, niebla y humo… Sin que nadie lo esperara, de súbito, comenzaron caer algunas escandalosas y repentinas gotas de lluvia que golpetean en el suelo como tacones; el invierno en su intento de inicio, desafiaba al intenso verano y el paisaje oía el clamor de los árboles pidiendo siquiera un chaparrón. |
| “Yo, y mi habitación helada… sin ella | | Cuentos y relatos globales. 10.03.13 | Ampliar | Luis Antonio Ismael Muro Mesones.- Ahora que sigo dado por recordar. Y los recuerdos, se quedaron todos juntos en esta habitación. Y este presente extraño, vaciado en la nada, me arrastra tercamente, a un pasado que todavía duele. Esta soledad, libre de ella, de su sutil presencia, me arrastra sin querer, más. Ahora que todavía, tengo todo muy cerca al corazón; y mis latidos duelen en mi ser. Mis recuerdos nacidos aquí y, a cada rato, - en este espacio frio y vacío - recuerdos, cogidos unos a otros, en eslabones como una cadena de hierro… forman reiteradamente su nombre. Me precipito a pensar en esta perdurable bruma, que por mi forma testaruda de ser; no conseguiré olvidarla. Porque siempre sobreviene así: |
| "Sueño de un sonámbulo religioso" | | Cuentos y relatos globales. 10.02.13 | Ampliar | Luis Antonio Ismael Muro Mesones. ¡Estoy con pecado!, hoy si camino con mis pies. La conciencia, como joya que es, está en su altar, allá arriba, en el fin de mi mundo. Aquí abajo nadie le reza: es que las pobres beatas se fueron con los años, ya hace bastante de esto. Y las pobres gentes creyentes, están sin lenguas, porque no tienen para misas voluntarias, ni para las limosnas ni para las velas; y sus oraciones se les han secado en la garganta. ¡Pero está bien!, la Virgen no los culpa: ¡Ella es blanca! aunque el sol se incline para la noche que llega. Pero esta vez, en mi cena tomo hiel, y no como hostia: “porque ahora mi vida me pide burdel”. ¡Hoy si quiero vivir la historia o la leyenda! Camino uno, dos, tres…hasta treinta y tres cuadras. El viento me ve acompañado de verriondo; me llega y se va. Con súplica levanto la mirada para ver que el universo se apiade de mí; las estrellas, la luna y los cometas se esconden de mi presencia, sigo y miro las calles y los postes que están con sus luces de luto; creo que es porque el día ha muerto en alguna parte de mí. |
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